Autor/a 1
Leandro Guerschberg
Universidad Nacional de José C. Paz Provincia de Buenos Aires -
Argentina Leandro.guerschberg@docentes.unpaz.edu.ar
https://orcid.org/0009-0005-9286-6358
DOI: 10.5281/zenodo.18460200
Resumen
Desde un enfoque teórico-crítico y
constructivista, se propone comprender la soberanía digital como una categoría
estratégica para pensar la emancipación en contextos periféricos, donde las
desigualdades sociales y tecnológicas se entrelazan. A partir de la economía
política del capitalismo de plataformas y de la teoría institucional, se
argumenta que la dependencia de infraestructuras privativas reproduce el
colonialismo digital y limita la autonomía de las universidades públicas. En
contraposición, el software libre se plantea como una alternativa emancipadora
que promueve transparencia, colaboración y justicia cognitiva. La UNPAZ, como
institución inserta en un territorio históricamente desigual, constituye un
espacio clave para articular inclusión, crítica y soberanía tecnológica
mediante políticas institucionales y pedagógicas basadas en tecnologías
abiertas. Se concluye que la soberanía digital no es un lujo técnico, sino una
condición ética y política para garantizar la ciudadanía digital como derecho universal
y no como privilegio fragmentado, reforzando el rol transformador de la
universidad pública.
From a theoretical-critical and constructivist perspective, this paper proposes understanding digital sovereignty as a strategic category for thinking about emancipation in peripheral contexts, where social and technological inequalities intersect. Drawing on the political economy of platform capitalism and institutional theory, it argues that dependence on proprietary infrastructures reproduces digital colonialism and constrains the autonomy of public universities. In contrast, free and open-source software is presented as an emancipatory alternative that promotes transparency, collaboration, and cognitive justice. UNPAZ, as an institution embedded in a historically unequal territory, constitutes a key space for articulating inclusion, critique, and technological sovereignty through institutional and pedagogical policies grounded in open technologies. It is concluded that digital sovereignty is not a technical luxury, but an ethical and political condition for guaranteeing digital citizenship as a universal right rather than a fragmented privilege, thereby reinforcing the transformative role of the public university.
Keywords: digital sovereignty, free and open-source
software, digital citizenship, territory.
El siglo XXI está atravesado por una profunda reconfiguración en
la producción, distribución y control del conocimiento. Estas transformaciones
se inscriben en la sociedad red (Castells, 2010), donde la información y los
flujos digitales se convierten en el nuevo tejido de la vida social, económica
y cultural. No se trata de un cambio técnico, sino de una mutación estructural
en el poder y la economía política.
Srnicek (2018) denomina a este
proceso capitalismo de plataformas, en el que corporaciones como Google,
Amazon, Facebook, Apple y Microsoft concentran valor mediante la captura masiva
de datos. Esto ha derivado en lo que Couldry y Mejías
(2019) llaman colonialismo de datos, donde la vida cotidiana se convierte en
insumo algorítmico. Kwet (2019) lo amplía como
imperialismo digital, que refuerza la dependencia tecnológica del Sur Global.
En este escenario, la soberanía digital surge como categoría
estratégica. Para Floridi (2020) y Pohle & Thiel (2020) implica repensar producción de
conocimiento, gestión de datos y autonomía de comunidades y Estados. Couture y Toupin (2019) subrayan que se trata de un campo en disputa
donde confluyen intereses políticos, económicos y culturales.
El análisis de la soberanía digital requiere anclaje territorial.
Manzanal (2007) entiende el territorio como construcción social atravesada por
relaciones de poder; Fernandes (2008) lo concibe como
entramado de conflictualidades. En América Latina,
estas tensiones se visibilizan en periferias urbanas donde convergen
desigualdades históricas, políticas neoliberales y exclusión.
El conurbano bonaerense encarna esta complejidad: alta densidad
poblacional, precariedad de infraestructuras y fragmentación institucional.
Allí, como plantea Retamozo (2010), los movimientos sociales no solo expresan
carencias, sino que disputan sentidos de desarrollo e inclusión. En este
entramado, la Universidad Nacional de José C. Paz (UNPAZ) se erige como actor
central en la democratización del conocimiento y en la construcción de
ciudadanía digital situada.
La ciudadanía digital ha sido definida como un conjunto de normas
y competencias (Ribble, 2012), pero reducirla a lo
normativo es insuficiente. Walsh (2009) propone una interculturalidad crítica
capaz de cuestionar estructuras de poder. Desde la mirada de Sadin (2022), el capitalismo digital fomenta un
individualismo tiránico, mientras que experiencias de software libre (Stallman,
2015; Free Software Foundation, 2022) buscan
recomponer lazos comunitarios con infraestructuras abiertas y auditables. De
esta manera, en educación, esta perspectiva resulta clave. Acebey
(2023) muestra que programas como Conectar Igualdad redujeron brechas de
acceso, pero sosteniéndose en tecnologías privativas que consolidaron
dependencia. En contraste, Alzahrani, Al Moaiad y El-Ebiary (2022) señalan
que el software libre fomenta colaboración y transparencia, mientras que en
América Latina colectivos sociales lo impulsan como estrategia de resistencia
frente al colonialismo tecnológico (Guerra González, Suárez Estrada & Cerratto-Pargman, 2022). La universidad enfrenta el desafío
de articular inclusión digital con autonomía. Como advierte Gutiérrez (2020),
las instituciones son también tramas culturales que modelan justicia y
desarrollo. En este marco, la UNPAZ puede ser un espacio de soberanía digital
desde abajo, en diálogo con las condiciones del conurbano.
Por otro lado, para reducir la brecha, se debe tener en cuenta
cómo aprenden los estudiantes actuales en su contexto. Cobo y Moravec (2011) destacan el aprendizaje invisible
entendiendo a aquel como el que se adquiere en experiencias formales, no
formales y tambien fortuitas mas
que por la misma educación formal, lo que intenta poner en valor al estudiante
actual y su entorno enriquecido tecnológicamente (o no) y cómo afecta esto a su
contexto. Por su poarte Van Dijk (2020) y Warschauer (2004) recuerdan que la inclusión digital excede
el acceso e involucra competencias y apropiaciones críticas. La confluencia que
se encuentra en estos textos es que no alcanza con la alta disponibilidad de
tecnología, hace falta algo más para alcanzar un aprendizaje que cierre la
brecha. El desafío para la UNPAZ es reducir brechas sin caer en la dependencia
de corporaciones globales, apostando al software libre como alternativa
emancipadora (Benkler, 2006).
Entonces el enfoque emancipador no es solo académico, sino
político. Francisco (2020), en Fratelli tutti,
llama a construir un mundo común, a cuidar la casa propia, esto puede ser
entendido de diversas maneras, desde lo espiritual a lo medio ambiental, pero
en este caso lo entendemos, desde esa mirada emancipadora, como cuidar lo
desarrollado en nuestro contexto y eso se logra con software libre y
conocimiento de desarrollo nacional saliendo de la indignacion
que provocan las corporaciones para meterse de lleno en el desarrollo propio,
porque, sino, como De Sutter (2020) advierte: la
indignación sin transformación perpetúa el statu quo. Experiencias de soberanía
tecnológica muestran que es posible articular justicia social y cognitiva
(Guerschberg, 2025; Gutiérrez & Guerschberg, 2025).
Aunque existe literatura sobre globalización y desigualdad
(Castells, 2010; Srnicek, 2018; Piketty,
2019), los estudios que vinculan soberanía digital y universidades periféricas
son aún incipientes debido a que es un tema de preocupación local. El presente
trabajo busca contribuir a ese vacío, situando el análisis en la UNPAZ como
caso paradigmático.
2. Objetivo general: Examinar cómo la
ciudadanía digital y la soberanía tecnológica, con énfasis en el software
libre, pueden constituirse en alternativas emancipadoras para la comunidad
universitaria de la UNPAZ.
Preguntas de investigación:
1.
¿De qué manera las condiciones
territoriales e institucionales del conurbano inciden en la construcción de
ciudadanía digital en la UNPAZ?
2. ¿Cómo el software libre puede contribuir a reducir brechas y
promover autonomía tecnológica en el ámbito universitario?
3.
¿Qué tensiones emergen entre la
lógica del capitalismo de plataformas y las prácticas de soberanía digital?
3. Marco Teórico
El análisis de la ciudadanía digital y de la soberanía tecnológica
en el contexto del conurbano bonaerense y de la Universidad Nacional de José C.
Paz requiere un entramado conceptual que articule categorías provenientes de
distintos campos del conocimiento. La teoría económica e institucional, la
geografía crítica del territorio, los estudios sobre movimientos sociales, la
economía política de las plataformas y las perspectivas educativas
contemporáneas constituyen tradiciones que, en su confluencia, permiten situar
el debate sobre tecnología y emancipación en clave territorial y social.
En este sentido, las reflexiones sobre el territorio han mostrado
que no se trata de un espacio neutro donde simplemente se desarrollan las
relaciones sociales, sino de un ámbito históricamente producido en el
conflicto. Manzanal (2007) lo define como una construcción atravesada por
instituciones, actores y estructuras de poder, mientras que Fernandes
(2008) enfatiza su carácter de campo de conflictualidades
en el que se enfrentan proyectos de dominación y de resistencia. La
especificidad del conurbano bonaerense, signado por desigualdades persistentes,
exclusión social y heterogeneidad institucional, convierte a este espacio en un
terreno privilegiado para analizar cómo las tensiones territoriales se
articulan con la ciudadanía digital y las posibilidades de emancipación.
La noción de institución resulta igualmente imprescindible para
comprender cómo se configuran las condiciones de posibilidad de la ciudadanía
digital. North (2014) advierte que las instituciones no deben ser entendidas
como simples reglas formales, sino como marcos normativos y culturales que
organizan el comportamiento de los actores y condicionan el desarrollo
económico. En el ámbito de la educación superior del conurbano, esta doble
dimensión se vuelve evidente: mientras algunas instituciones reproducen las
lógicas de dependencia tecnológica propias del capitalismo de plataformas,
otras pueden actuar como espacios de innovación y resistencia cuando adoptan
software libre y promueven prácticas de soberanía digital. Como subraya
Gutiérrez (2020), los procesos de desarrollo no pueden separarse de las
culturas y modelos de justicia que atraviesan a las instituciones, lo que
coloca a la universidad pública en un rol central en la configuración de
alternativas emancipadoras.
Esta concepción institucional permite comprender que la soberanía
digital no se define únicamente por la elección de tecnologías, sino también
por los marcos normativos, culturales y organizacionales que las sostienen. En
el caso de las universidades públicas, las reglas formales (políticas de
compras, normativas de licenciamiento, convenios con proveedores) y las
informales (hábitos docentes, resistencias culturales, imaginarios sobre la
innovación) condicionan la posibilidad de alcanzar autonomía tecnológica. Como
plantean North (2014) y Gutiérrez (2020), las instituciones median entre la
estructura y la acción, configurando tanto los límites como las oportunidades
de un desarrollo emancipador.
La perspectiva de los movimientos sociales aporta otro elemento
clave. Retamozo (2010) sostiene que estos no deben ser concebidos únicamente
como reacciones frente a la exclusión, sino como productores de subjetividades,
discursos y nuevas formas de ciudadanía. Trasladado al plano digital, este
enfoque permite comprender cómo las prácticas colectivas disputan sentidos
frente a la colonización de las plataformas globales y, en paralelo, impulsan
proyectos de soberanía tecnológica. La ciudadanía digital, en esta lectura,
deja de ser solo una competencia individual para convertirse en una práctica
política colectiva que interpela al Estado, a las corporaciones y a las
instituciones educativas.
La dimensión económica y política del problema ha sido examinada
en profundidad por Srnicek (2018), quien caracteriza
al capitalismo contemporáneo como un capitalismo de plataformas. Este modelo
concentra poder en infraestructuras digitales que actúan como nuevos monopolios
globales, organizando la producción y circulación de datos y condicionando la
vida económica, cultural y política. Piketty (2019)
muestra, a su vez, cómo las dinámicas de acumulación en el capitalismo global
refuerzan desigualdades persistentes que se reflejan también en los accesos y
oportunidades digitales. La ciudadanía digital, de este modo, se ve atravesada
por la lógica estructural de concentración y desigualdad que domina al
capitalismo actual, lo que refuerza la necesidad de construir alternativas
soberanas, y “que es posible superar el capitalismo y la propiedad privada y
construir una sociedad justa basada en el socialismo participativo y en el
federalismo social” (Piketty, 2029, p.1227)
La crítica de Sadin (2022) enriquece
este diagnóstico al destacar las implicancias subjetivas de este modelo. Su
noción del “individuo tirano” alude a un sujeto hiperconectado pero aislado, autoexplotado y gobernado por algoritmos que debilitan los
vínculos sociales y erosionan la vida colectiva. Bajo esta mirada, la soberanía
digital y el software libre no son simplemente opciones técnicas, sino
respuestas políticas y culturales frente a la fragmentación subjetiva que
amenaza con clausurar la posibilidad de un mundo común.
Las reflexiones éticas y comunitarias complementan estas
perspectivas. La encíclica Fratelli tutti de
Francisco (2020) constituye un llamado a recomponer la fraternidad en un
contexto global atravesado por el aislamiento y la exclusión. Esta apelación
interpela también a la ciudadanía digital, pues la construcción de un mundo
compartido requiere infraestructuras que no estén subordinadas al control
corporativo ni a la lógica extractiva de los datos. En sintonía, De Sutter (2020) advierte que la indignación pública, cuando
se canaliza exclusivamente a través de plataformas digitales, corre el riesgo
de reproducir el mismo sistema que se pretende transformar. La emancipación
exige, por tanto, no solo multiplicar voces críticas, sino también transformar
las bases materiales de la infraestructura digital.
Desde esta perspectiva, la soberanía digital se entiende como una
categoría estratégica. Floridi (2020) sostiene que
implica la capacidad de comunidades y Estados para decidir los modelos
tecnológicos que adoptan, evitando la subordinación a poderes externos. Couture
y Toupin (2019) recuerdan, sin embargo, que se trata
de un campo en disputa donde confluyen intereses de gobiernos, corporaciones y
movimientos sociales. Pohle y Thiel (2020) añaden que
debe analizarse también en términos de infraestructura, gobernanza y derechos
ciudadanos, lo que obliga a incluir tanto la dimensión estatal como la
capacidad de los sujetos para ejercer control sobre su vida digital.
El software libre se presenta en este marco como una herramienta
privilegiada para materializar la soberanía tecnológica. Stallman (2015) y la
Free Software Foundation (2022) destacan que la
apertura del código garantiza libertades de uso, modificación y redistribución,
evitando dependencias y promoviendo la transparencia. Estudios recientes
confirman estas ventajas: Alzahrani, Al Moaiad y El-Ebiary (2022)
muestran que su incorporación en entornos educativos fortalece la cultura de
colaboración, mientras que Guerra González, Suárez Estrada y Cerratto-Pargman (2022) documentan experiencias
latinoamericanas donde colectivos sociales lo emplean como estrategia de
resistencia frente al colonialismo digital. En Argentina, experiencias en
universidades nacionales y colectivos tecnológicos demuestran que su implementación
reduce costos y potencia la autonomía pedagógica.
La literatura educativa aporta, además, una clave fundamental.
Buckingham (2008) advierte que la alfabetización digital no puede limitarse al
aprendizaje instrumental, sino que debe orientarse a una comprensión crítica de
los medios. Cobo y Moravec (2011) introducen la
noción de aprendizaje invisible para referirse a competencias desarrolladas en
entornos no formales que suelen ser ignoradas por la educación
institucionalizada, pero que resultan decisivas en la cultura digital
contemporánea. Livingstone y Sefton-Green (2016)
muestran, a través de investigaciones etnográficas, que los jóvenes habitan la
esfera digital en tensión entre prácticas de autonomía y dinámicas de control.
Estas perspectivas iluminan el rol de la universidad pública en la formación de
una ciudadanía digital crítica y emancipadora.
Aportes recientes de Guerschberg (2025) y de Gutiérrez y
Guerschberg (2025) insisten en que el software libre constituye una herramienta
decisiva para cerrar brechas digitales en contextos vulnerables y que la
ausencia de competencias digitales críticas puede marginar a generaciones
enteras de los procesos de participación social plena. La alfabetización
digital, en consecuencia, debe concebirse no como un entrenamiento técnico,
sino como un proyecto de construcción de ciudadanía y de fortalecimiento de soberanía
tecnológica.
La ciudadanía digital y la soberanía tecnológica exceden las
dimensiones técnicas y deben ser abordadas como procesos políticos,
territoriales e institucionales. La articulación entre territorio,
instituciones, movimientos sociales y economía de plataformas revela que la
emancipación digital no puede pensarse de manera abstracta, sino situada en
contextos concretos como el conurbano bonaerense y la UNPAZ. Ello habilita una
mirada crítica en la que la tecnología se entiende como un campo de disputa y
donde el software libre se proyecta como una herramienta para construir
autonomía, justicia cognitiva y horizontes emancipadores.
Este trabajo se inscribe en el género del ensayo académico
crítico. Su finalidad no es validar hipótesis mediante encuestas o
estadísticas, sino problematizar el fenómeno desde un enfoque
interdisciplinario.
La estrategia central fue un análisis bibliográfico sistemático y
situado, articulando autores globales (Castells, Srnicek,
Piketty, Sadin) con aportes
latinoamericanos (Acebey, Caccuri,
Retamozo, Guerschberg). Por tratarse de un trabajo ensayístico que se trata de
un trabajo final de seminario de doctorado, la elección de los textos ha sido
supeditada y circunsripta a lo trabajado en dicho
seminario.
La perspectiva epistemológica adoptada es el constructivismo
crítico, que entiende el conocimiento como construcción social mediada por
poder (Gutiérrez, 2020). La elección del caso UNPAZ responde a su carácter
paradigmático: institución pública de reciente creación, inserta en un
territorio de alta desigualdad, lo que la convierte en un laboratorio
privilegiado para pensar la ciudadanía digital y la soberanía tecnológica.
Pensar la ciudadanía digital desde el conurbano bonaerense implica
asumir que el territorio es una construcción histórica atravesada por poder y
conflicto. Como señalan Manzanal (2007) y Fernandes
(2008), allí se disputan recursos, sentidos y modelos de desarrollo; la
desigualdad no es un dato accesorio sino una condición estructural que modela
los modos de habitar, producir y vincularse. En ese marco, la ciudadanía
digital no puede concebirse como atributo abstracto del individuo, sino como
práctica situada que depende de infraestructuras, instituciones y capacidades
efectivamente disponibles.
Ribble (2012) aporta una definición
operativa —derechos, responsabilidades y prácticas de participación— que, en el
conurbano, queda condicionada por instituciones estatales, educativas y
comunitarias con recursos limitados (North, 2014). El resultado es una ciudadanía
digital fragmentada: varía según acceso, competencias y marcos de apropiación. Caccuri (2016), Warschauer (2004)
y Van Dijk (2020) muestran que la brecha digital es multidimensional; cuando se
superponen carencias de conectividad, equipamiento y capacidades críticas, la
exclusión digital reproduce la exclusión social.
A ello se suma el encuadre global: las prácticas locales se median
por plataformas corporativas que organizan la visibilidad, la interacción y el
aprendizaje, desplazando control hacia infraestructuras externas (Srnicek, 2018; Couldry &
Mejías, 2019). De este modo, aun con conectividad, la ciudadanía digital puede
quedar subordinada a lógicas ajenas al control comunitario o estatal. En este
escenario, la universidad pública del territorio, como la UNPAZ, emerge como
actor capaz de articular inclusión con formación crítica, disputando sentidos y
habilitando horizontes de soberanía. En la tabla 1 podemos comparar los niveles
de brecha digital con ejemplos territoriales y sus efectos en la
ciudadanía.
Tabla 1. Niveles de brecha digital
|
Nivel |
Foco principal |
Ejemplos en el conurbano |
Efecto sobre la ciudadanía |
|
Acceso |
Conectividad
y dispositivos |
Conexión
móvil inestable; equipamiento compartido |
Inclusión/exclusión
inicial |
|
Competencias |
Habilidades
operativas y de búsqueda |
Uso
básico de apps bajo dominio de ofimática |
Uso
limitado y dependiente |
|
Apropiación
crítica |
Sentido,
derechos, producción |
Alfabetización
en datos, privacidad, licencias |
Participación
subordinada o emancipadora |
Fuente: Elaboración propia
En el siguiente apartado analizamos cómo una política tecnológica
centrada en las plataformas mas que en los
protocolos, genera dependencia tecnológica, sobre todo cuando hablamos de
software privativo.
La economía política contemporánea reconfigura el ecosistema
digital mediante plataformas que actúan como intermediarias e infraestructuras
a la vez (Srnicek, 2018). La “sociedad red”
(Castells, 2010) amplió posibilidades de intercambio y cooperación, pero su
evolución derivó en concentraciones monopólicas sustentadas en captura masiva
de datos y efectos de red. El resultado es un régimen de acumulación que orienta
flujos de información y rentas hacia pocos centros, profundizando desigualdades
(Piketty, 2019), “La desigualdad no es económica o
tecnológica, es ideológica y política.” (Escobar Toledo, 2021, p. 32).
La promesa de “riqueza de las redes” (Benkler,
2006) —bienes comunes y colaboración— fue parcialmente cooptada: la
arquitectura corporativa canalizó producción social hacia modelos extractivos. Couldry y Mejías (2019) conceptualizan esta deriva como
colonialismo de datos; Kwet (2019), como colonialismo
digital anclado en estándares, servicios en la nube y licencias. En territorios
periféricos, la inclusión mediada por plataformas tiende a ser inclusión
subordinada: acceso sin control de la infraestructura ni de las reglas.
El caso argentino ilustra estas tensiones. Programas de acceso
—como Conectar Igualdad— expandieron cobertura, pero con ecosistemas cerrados
que preservan dependencias de proveedores y licencias (Acebey,
2023). En el conurbano, donde la conectividad es predominantemente móvil y de
calidad variable, esta dependencia se intensifica: se participa, pero en
condiciones desiguales de agencia y de producción de conocimiento. Allí la
universidad pública puede contrapesar la asimetría mediante decisiones
tecnológicas y pedagógicas que prioricen autonomía.
La soberanía digital refiere a la capacidad de comunidades e
instituciones para decidir sobre modelos tecnológicos, datos e
infraestructuras, y para gobernar sus condiciones de uso (Floridi,
2020; Pohle & Thiel, 2020). No es unívoca:
constituye un campo en disputa entre Estados, corporaciones y movimientos
sociales (Couture & Toupin, 2019). En educación,
habilita pensar la tecnología como medio para derechos —y no solo como
servicio—.
El software libre ofrece un andamiaje técnico-político para esa
soberanía. Las libertades de usar, estudiar, modificar y redistribuir
(Stallman, 2015; FSF, 2022) reducen dependencias, favorecen transparencia y
permiten construir capacidades locales. La evidencia educativa muestra efectos
positivos: mejora de calidad, colaboración y desarrollo de pensamiento crítico
(Alzahrani, Al Moaiad &
El-Ebiary, 2022). En América Latina, experiencias
documentadas por Guerra González, Suárez Estrada y Cerratto-Pargman
(2022) conectan software libre con estrategias de resistencia al colonialismo
tecnológico. En la Tabla 2 vemos una comparación entre software libre y
software privativo.
Tabla 2. Software privativo vs. software libre (criterios clave)
|
Criterio |
Software privativo |
Software libre |
|
Acceso y
costos |
Licencias,
suscripciones |
Uso sin
costo de licencias |
|
Transparencia |
Código
cerrado |
Código
abierto y auditable |
|
Autonomía |
Dependencia
del proveedor |
Control y
adaptación locales |
|
Formación |
Enfoque
instrumental |
Enfoque
crítico y colaborativo |
|
Sostenibilidad |
Roadmap externo |
Comunidad
y soberanía de datos |
Fuente: Elaboración propia
En contextos vulnerables, su adopción no solo abarata; habilita a
docentes y estudiantes a comprender y transformar herramientas. Ello exige
acompañamiento institucional y pedagógico: sin formación crítica, la apertura
técnica no garantiza por sí misma la emancipación.
La universidad pública es un nodo estratégico para articular
inclusión, crítica y producción de saberes situados. En el conurbano, la UNPAZ
asume ese rol en un territorio de alta desigualdad y densidad poblacional. La
composición social de su estudiantado —frecuentemente primera generación
universitaria— evidencia que la brecha digital es inseparable de la brecha
social (Caccuri, 2016). Por eso, enseñar a “usar”
tecnología es insuficiente: se trata de formar ciudadanía digital capaz de
comprender impactos económicos, culturales y jurídicos (Buckingham, 2008;
Livingstone & Sefton-Green, 2016).
En términos institucionales, la Universidad Nacional de José C.
Paz cuenta con una matrícula que supera los veinticinco mil estudiantes
distribuidos en carreras de grado y tecnicaturas, y con una comunidad académica
que combina diversidad territorial, etaria y social. Desde su creación en 2010,
la UNPAZ ha impulsado políticas de inclusión educativa y digital (desde la
capacitación docente en recursos abiertos hasta programas de extensión como las
jornadas de instalación de software libre, pasando por la organización del
FLISOL José C. Paz pasando por la decisión de tener todas las computadoras de
la Universidad con Linux en doble boot) orientadas a
garantizar la igualdad de oportunidades en el acceso al conocimiento. No
obstante, el uso predominante de plataformas privativas y la dependencia de
servicios en la nube continúan siendo desafíos estructurales. Estos rasgos
institucionales ilustran cómo, incluso en contextos de fuerte compromiso con la
inclusión, persisten tensiones entre democratización tecnológica y autonomía
digital.
La universidad enfrenta, simultáneamente, las presiones del
capitalismo de plataformas —concentración, estandarización, captura de datos (Srnicek, 2018; Couldry &
Mejías, 2019; Kwet, 2019)— y la necesidad de
garantizar acceso y continuidad pedagógica. La vía de la soberanía digital
ofrece un camino intermedio: migraciones graduales a soluciones libres,
desarrollo de infraestructuras propias, licenciamiento abierto de materiales,
alfabetización en datos y privacidad, y alianzas con redes comunitarias. La evidencia
local sugiere que el software libre contribuye a cerrar brechas y a sostener
autonomía pedagógica (Guerschberg, 2025), siempre que se inserte en una
estrategia institucional de largo plazo.
Este horizonte demanda evitar dos riesgos: la indignación sin
transformación —que De Sutter (2020) advierte como
espectáculo— y el tecnicismo apolítico. Se requieren políticas explícitas
(formación docente, soporte técnico, repositorios y nubes institucionales,
criterios de compra y de seguridad), articuladas con el Estado y con otras
universidades. En términos éticos, Fratelli tutti
(Francisco, 2020) recuerda que el bien común debe orientar las opciones
tecnológicas: en la práctica, decidir por infraestructuras que amplíen derechos
y no solo eficiencias.
La UNPAZ puede convertir la inclusión digital en inclusión con
autonomía si integra decisiones tecnológicas (software libre, estándares
abiertos), pedagógicas (currículos con alfabetización crítica) e
institucionales (gobernanza de datos, licencias abiertas). Ese ensamblaje
transforma la ciudadanía digital de un privilegio fragmentado a un derecho
efectivo y situado.
La reflexión sobre la ciudadanía digital y la
soberanía tecnológica en el marco del conurbano bonaerense y la UNPAZ pone de
relieve una serie de tensiones que merecen ser discutidas a la luz de los
marcos teóricos revisados. En primer lugar, se evidencia la contradicción entre
la inclusión digital promovida por políticas estatales y la dependencia
tecnológica generada por la utilización de software privativo. El análisis de Acebey (2023) sobre Conectar Igualdad confirma que la
ampliación del acceso no necesariamente se traduce en emancipación, sino que
puede reproducir dinámicas de subordinación a corporaciones extranjeras. Esta
paradoja resuena con lo planteado por North (2014): las instituciones pueden
reforzar estructuras de dependencia si no se transforman las reglas que las
sostienen.
En segundo lugar, la convergencia entre
desigualdad social y brecha digital muestra cómo los territorios periféricos,
lejos de ser espacios pasivos, concentran las tensiones del capitalismo
contemporáneo. El conurbano se presenta como una periferia digital dentro de la
“sociedad red” (Castells, 2010), marcada por la exclusión de los flujos
centrales de información. Esta condición se ve reforzada por lo que Couldry y Mejías (2019) conceptualizan como colonialismo de
datos: las prácticas digitales de los sectores populares se convierten en
insumos para la acumulación de las plataformas, sin retorno significativo en
términos de desarrollo local.
Un tercer eje de discusión surge en torno a la
posibilidad de construir alternativas emancipadoras. La literatura revisada
sobre soberanía digital (Floridi, 2020; Couture &
Toupin, 2019; Guerra González et al., 2022) y sobre
software libre (Stallman, 2015; Free Software Foundation,
2022; Alzahrani et al., 2022) muestra que existen
caminos viables para reducir la dependencia. En contextos como el conurbano,
estas alternativas se revelan no como opciones secundarias, sino como
condiciones indispensables para garantizar la justicia social en el plano
digital. Sin embargo, el desafío es articular estas herramientas con políticas
públicas, infraestructuras comunitarias y pedagogías críticas que permitan la
apropiación social de la tecnología.
La función de la universidad pública, y en
particular de la UNPAZ, emerge como un elemento central en esta discusión. Como
señala Gutiérrez (2020), las instituciones educativas no son actores neutros,
sino portadoras de culturas y modelos de justicia. La UNPAZ, al situarse en un
territorio marcado por desigualdades históricas, tiene la oportunidad de
encarnar un modelo de soberanía digital basado en el software libre y en la
formación de ciudadanía crítica. No obstante, enfrenta tensiones vinculadas a la
escasez de recursos, la presión de las plataformas globales y la necesidad de
articular sus propuestas con un estudiantado atravesado por múltiples
vulnerabilidades.
En este sentido, la discusión plantea un
horizonte abierto: ¿puede la universidad conurbana convertirse en un nodo
emancipador en la sociedad red, o corre el riesgo de ser absorbida por las
lógicas extractivas del capitalismo de plataformas? La respuesta dependerá de
su capacidad de articular territorio, política pública y pedagogía crítica en
torno a un proyecto de soberanía tecnológica.
Este trabajo se construye como un ensayo
teórico-crítico, sustentado en un corpus bibliográfico seleccionado que incluye
aportes de la economía política (Srnicek, Piketty), de los estudios territoriales (Manzanal, Fernandes, Retamozo), de la teoría de la comunicación y la
cultura digital (Castells, Benkler, Couldry & Mejías, Kwet, Sadin) y de enfoques pedagógicos y emancipadores
(Buckingham, Walsh, Guerschberg, Gutiérrez), en su mayoría provistos por la
cátedra del Dr. Miguel Gutierrez y, de hecho, forma
parte de la entrega del trabajo final del mencionado seminario doctoral. En ese
sentido, sus aportes se orientan más a abrir marcos interpretativos y
problematizar tensiones que a ofrecer resultados empíricos verificables.
La principal limitación, por tanto, reside
(como se indicó anteriormente) en la ausencia de trabajo de campo: no se
incluyen encuestas, entrevistas ni análisis estadísticos de la población de la
UNPAZ. Esto significa que las afirmaciones sobre la ciudadanía digital en el
conurbano se basan en inferencias teóricas y en la lectura situada de
bibliografía relevante, pero no en evidencia empírica directa.
Por otro lado, si bien se enfatiza la
especificidad del conurbano bonaerense, los procesos estudiados son dinámicos y
globales, por lo que la realidad local podría evolucionar de manera diferente
en función de nuevas políticas públicas, innovaciones tecnológicas o
transformaciones sociales que no se contemplan en este texto.
También se debe reconocerse que la noción de
soberanía digital está en disputa, como señalan Couture y Toupin
(2019). El trabajo adopta una perspectiva crítica y emancipadora, pero otras
corrientes teóricas podrían ofrecer lecturas distintas, centradas por ejemplo
en la regulación estatal o en la innovación corporativa.
Estas limitaciones no invalidan el aporte del
trabajo, sino que invitan a considerar su carácter exploratorio y ensayístico,
abierto a futuras investigaciones empíricas que puedan contrastar, matizar o
ampliar las hipótesis aquí planteadas.
El recorrido de este trabajo ha permitido
situar la problemática de la ciudadanía digital y la soberanía tecnológica en
el marco del conurbano bonaerense, con especial atención a la población de la
Universidad Nacional de José C. Paz (UNPAZ). Desde el inicio, el objetivo
general planteado consistió en analizar críticamente la manera en que la
tecnología y el software libre pueden articularse como herramientas
emancipadoras en territorios atravesados por desigualdades históricas. Los
resultados de la reflexión confirman que, lejos de ser un asunto meramente
técnico, la ciudadanía digital constituye un campo de disputa política,
económica y cultural.
En primer lugar, se constató que el territorio
del conurbano es un espacio atravesado por densidades poblacionales,
fragmentación institucional y desigualdad estructural que condicionan la
posibilidad de ejercer ciudadanía digital plena. El análisis territorial mostró
que las brechas digitales no son un fenómeno aislado, sino una prolongación de
las brechas sociales, lo que confirma la necesidad de abordajes situados y
críticos.
En segundo lugar, la discusión sobre el
capitalismo de plataformas permitió comprender cómo las dinámicas globales de
concentración y colonialismo digital (Srnicek, 2018; Couldry & Mejías, 2019; Kwet,
2019) impactan de manera particular en territorios periféricos. Se identificó
que la inclusión promovida por políticas como Conectar Igualdad (Acebey, 2023), al depender de software y dispositivos
privativos, genera una “inclusión subordinada” que limita la autonomía
tecnológica de los sectores populares y refuerza la dependencia de
corporaciones globales.
En tercer lugar, la exploración de la soberanía
digital y el software libre evidenció que existen alternativas concretas y
viables para construir procesos emancipadores. El software libre, en tanto
recurso abierto y modificable, se mostró como una herramienta capaz de cerrar
brechas digitales, fomentar la colaboración y asegurar que la ciudadanía
digital no quede reducida a un consumo pasivo. Sin embargo, también se señaló
que su potencial emancipador depende de la existencia de proyectos pedagógicos
y políticos que lo articulen con la formación de competencias digitales
críticas.
Por último, el análisis del rol de la
universidad pública y de la UNPAZ reveló tensiones y oportunidades. Como
institución situada en un territorio periférico, la UNPAZ enfrenta el desafío
de decidir entre reproducir modelos de dependencia tecnológica o promover
infraestructuras autónomas basadas en software libre. Su función no puede
limitarse a garantizar el acceso, sino que debe orientarse a formar ciudadanía
digital crítica y a consolidar la soberanía tecnológica como condición de
justicia social.
De manera sintética, las conclusiones del
ensayo permiten responder a las preguntas de investigación planteadas:
· La ciudadanía digital en el conurbano bonaerense se ejerce en
condiciones de desigualdad estructural y se encuentra mediada por dinámicas
globales de dependencia tecnológica.
· El software libre y la soberanía digital se configuran como
horizontes emancipadores posibles, aunque requieren de políticas públicas y
pedagogías críticas para materializarse.
· La UNPAZ, como universidad pública situada en territorio
periférico, puede convertirse en un actor estratégico para articular inclusión
y emancipación, siempre que logre resistir la presión de las plataformas
globales y promover un modelo alternativo de tecnología para el bien común.
El trabajo reafirma que la soberanía digital no
es un lujo opcional, sino una necesidad urgente para garantizar que la
ciudadanía digital sea un derecho universal y no un privilegio fragmentado. En
un contexto donde el capitalismo de plataformas amenaza con profundizar la
exclusión, la universidad pública se erige como un espacio clave para articular
resistencia, innovación y justicia social. El futuro de la ciudadanía digital
en el conurbano dependerá, en gran medida, de la capacidad de instituciones como
la UNPAZ para promover tecnologías abiertas, formar competencias críticas y
construir, junto a su comunidad, un horizonte emancipador basado en la
fraternidad y en la defensa de la Casa Común (Francisco, 2020).
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