Modelo multidimensional del deporte inclusivo escolar:
fundamentos para diseñar la participación y propuesta de contrastación empírica
Dr. Alejandro Pérez
Centro de Investigación Paralímpica Argentina (CIPA),
Comité Paralímpico Argentino (COPAR)
licperezale@gmail.com
ORCID: https://orcid.org/0009-0007-4590-9954
DOI: 10.5281/zenodo.23111168
Resumen
La presencia de estudiantes con y sin discapacidad en una misma
actividad deportiva no permite, por sí sola, establecer la calidad de la
inclusión. Este artículo fundamenta la necesidad de desarrollar
sistemáticamente el deporte inclusivo escolar y presenta el Modelo
Multidimensional del Deporte Inclusivo Escolar como una hipótesis
teórico-operativa susceptible de revisión empírica. Su punto de partida es una
investigación cualitativa doctoral realizada con 19 docentes y coordinadores de
13 provincias argentinas, que identificó barreras relacionadas con formación,
representaciones sobre discapacidad, condiciones institucionales, experiencia
práctica y continuidad de las políticas. Se distinguen presencia, participación
e incidencia significativa y se describen ocho dimensiones preliminares de la
configuración deportiva: participativa, estructural, social, exigencia física,
técnico-transferencial, complejidad organizativa, accesibilidad pedagógica y
proyección institucional. Se propone una secuencia de investigación que integra
revisión de alcance, codiseño con actores implicados, validación de contenido
de la Ficha de Evaluación Integral del Deporte Inclusivo (FEIDI), prueba de
factibilidad y estudio de casos con observación y relatos de participantes. El
modelo y el instrumento aún no cuentan con validación empírica; su aporte
actual reside en formular preguntas observables y un programa para
contrastarlas.
Palabras
clave: deporte inclusivo; educación física; discapacidad; participación;
diseño pedagógico.
Abstract
The presence of students with and without disabilities in the same sporting activity does not, in itself, establish the quality of inclusion. This theoretical and methodological article argues for the systematic development of inclusive school sport and presents the Multidimensional Model of Inclusive School Sport as a preliminary framework open to empirical revision. It draws on a qualitative doctoral study involving 19 teachers and coordinators from 13 Argentine provinces. The model distinguishes presence, participation and meaningful influence within play, and proposes eight provisional dimensions of a situated sporting configuration: participation, structure, social relations, physical demands, technical transfer, organizational complexity, pedagogical accessibility and institutional sustainability. A sequential research programme is outlined, combining a scoping review, participatory refinement, content validation of the Comprehensive Evaluation Form for Inclusive Sport, feasibility testing and case studies. Neither the model nor the form has yet been empirically validated. Their present contribution lies in making design decisions explicit and testable while preserving the voices of participants as a necessary source of evidence.
Keywords: inclusive sport; physical education; disability; participation; pedagogical design.
1.- Introducción
El reconocimiento del derecho de las personas con discapacidad a
participar en actividades recreativas y deportivas, incluso en el sistema
escolar, está expresado en el artículo 30 de la Convención sobre los Derechos
de las Personas con Discapacidad (Naciones Unidas, 2006). Sin embargo, el
acceso formal no resuelve la pregunta sobre qué ocurre dentro de la práctica:
quién interviene, con qué autonomía, bajo qué reglas y con qué posibilidades de
influir en el juego. La Clasificación Internacional del Funcionamiento, de la
Discapacidad y de la Salud (OMS, 2001) permite examinar la interacción entre
funcionamiento y entorno; trasladada al campo pedagógico, esa perspectiva exige
observar también las barreras inscritas en la organización de la actividad.
La educación física inclusiva dispone de enfoques y antecedentes
valiosos. Las experiencias narradas por estudiantes con discapacidad muestran
que estar en la clase puede coexistir con exclusión y relaciones desfavorables
(Haegele y Sutherland, 2015). El diseño universal para el aprendizaje aporta
criterios para ofrecer opciones de compromiso, representación y acción (CAST,
2024). En el deporte, el Quality Parasport
Participation Framework sitúa la calidad de la
experiencia en la pertenencia, la autonomía, el desafío, el dominio, el
compromiso y el significado (Evans et al., 2018). Estos aportes hacen necesario
examinar tanto la experiencia vivida como la estructura que organiza las
oportunidades de juego.
El objetivo de este artículo es fundamentar el desarrollo sistemático
del deporte inclusivo escolar, explicitar la arquitectura preliminar de un
modelo centrado en la configuración de la práctica y proponer un itinerario de
investigación capaz de poner a prueba su utilidad. Se trata de una propuesta
teórico metodológica: no se presentan datos de validación ni efectos de una
intervención.
2.- Por qué pensar
el deporte y las actividades inclusivas
El deporte ocupa un lugar singular entre las prácticas escolares. Sus
reglas hacen visibles las acciones, distribuyen turnos y responsabilidades,
definen qué se considera una contribución y organizan situaciones de
cooperación, oposición y decisión. Esa estructura puede producir encuentros
valiosos entre estudiantes; también puede concentrar el juego en quienes
dominan ciertas destrezas y dejar a otros en funciones periféricas. La
inclusión no emerge automáticamente de reunir personas diversas en una cancha.
Depende de las oportunidades que la propia actividad crea y de cómo se viven
esas oportunidades.
El derecho a la educación física, la actividad física y el deporte exige
condiciones de acceso, seguridad y participación apropiadas para cada persona.
La Carta Internacional de la UNESCO reconoce la diversidad de estas prácticas
como parte de su valor, mientras que la Convención sobre los Derechos de las
Personas con Discapacidad insta a promover la participación deportiva en
igualdad de condiciones (UNESCO, 2015; Naciones Unidas, 2006). Ninguno de estos
marcos prescribe una única forma de organización deportiva. La elección entre
actividades compartidas, adaptadas, específicas o paralelas debe atender los
deseos de las personas, sus apoyos y los objetivos pedagógicos, sin presentar
una modalidad como solución universal.
Hay además una razón pedagógica para tomar en serio el deporte
inclusivo. Enseñar una actividad motriz supone ofrecer problemas que puedan
comprenderse, intentarse, discutirse y resolver de distintas maneras. Cuando el
acceso al problema queda reservado a quienes ya poseen velocidad, precisión o
experiencia previa, la enseñanza pierde parte de su alcance. Diseñar opciones
de participación no consiste en disminuir sistemáticamente la exigencia.
Consiste en construir desafíos pertinentes, con progresiones, decisiones y
consecuencias reales para quienes intervienen. Una experiencia puede ser
físicamente accesible y a la vez poco estimulante; otra puede ser intensa y
excluir a quien no dispone de vías de acceso a la información.
En este artículo, “actividades inclusivas” abarca juegos, situaciones de
aprendizaje y prácticas recreativas con reglas flexibles; “deporte inclusivo”
refiere a configuraciones deportivas que conservan una lógica compartida de
juego, roles, objetivos y desafío, aunque transformen elementos de deportes
existentes o creen otros nuevos. No toda actividad necesita transformarse en
deporte. Esta distinción permite estudiar un continuo de experiencias y evita
exigir a la escuela la reproducción de reglamentos federativos como condición
de legitimidad.
Pensar estas prácticas de manera sistemática permite acumular
aprendizaje público: describir qué se modificó, por qué, para quién, con qué
recursos y con qué efectos percibidos. Así, una experiencia que funciona en una
escuela puede informar otras sin convertirse en receta. La documentación hace
posible revisar decisiones que de otro modo dependen de la memoria del docente,
confrontar perspectivas y distinguir la intención inclusiva de las condiciones
efectivamente creadas.
3.- Del hallazgo
cualitativo a un problema de diseño
La investigación doctoral de Pérez sobre las barreras para implementar
deporte inclusivo en escuelas argentinas reunió a 19 docentes y coordinadores
de 13 provincias y se desarrolló desde un enfoque cualitativo descriptivo
interpretativo mediante análisis temático reflexivo. Se organizaron cinco
patrones: formación docente, representaciones sobre discapacidad, barreras
institucionales y culturales, centralidad de la experiencia práctica y
necesidad de políticas públicas sostenidas (Pérez, 2026). Este corpus permite
comprender dificultades y formular preguntas de diseño, pero no estima
prevalencias nacionales ni prueba la eficacia del modelo que aquí se propone.
Una tensión atraviesa esos hallazgos: la disposición favorable hacia la
inclusión no se traduce automáticamente en reglas, roles, apoyos y decisiones
de enseñanza que hagan posible una participación sostenida. El trabajo docente
suele depender de adaptaciones puntuales y de recursos individuales. Por ello,
sistematizar significa disponer de criterios compartidos para planificar,
observar, revisar y documentar una práctica a lo largo del tiempo. También
significa reconocer restricciones materiales, formación disponible y apoyo
institucional, sin atribuir al docente en soledad la responsabilidad del
resultado.
En este artículo se usa deporte inclusivo escolar para nombrar una
configuración pedagógica y deportiva compartida, diseñada para que personas con
distintas formas de movimiento, percepción, comunicación y decisión puedan
intervenir con sentido. No equivale a afirmar que todas deban realizar la misma
acción ni a reemplazar el deporte adaptado, que conserva objetivos y valor
propios. La pregunta analítica es cómo una práctica específica distribuye
oportunidades reales de actuar, elegir, aprender y ser reconocida.
4.- La lógica del
diseño de la participación
Toda práctica deportiva establece una arquitectura de oportunidades.
Determina dónde se puede estar, qué cuenta como acción válida, quién recibe
información, qué movimientos son ventajosos, cuánto tiempo existe para decidir
y qué aportes reconoce el grupo. Estas decisiones suelen parecer neutrales
porque se heredan de reglamentos conocidos. En la escuela, sin embargo, son
decisiones pedagógicas susceptibles de análisis. Una misma estudiante puede
tener amplio margen de acción en una versión del juego y quedar relegada en
otra, sin que haya cambiado ninguna característica personal.
Diseñar la participación exige trabajar simultáneamente con al menos
cuatro preguntas. La primera es de acceso: ¿puede la persona comprender la
consigna, entrar al espacio y contar con materiales y apoyos pertinentes? La
segunda es de acción: ¿dispone de ocasiones reales para ejecutar, elegir,
comunicar o coordinar acciones? La tercera es de incidencia: ¿sus decisiones
modifican el curso de la práctica o son meramente ceremoniales? La cuarta es de
experiencia: ¿cómo interpreta ella misma su papel, el desafío, el trato de sus
pares y su posibilidad de pertenecer? Ninguna respuesta sustituye a las demás.
La cantidad de contactos con la pelota o el tiempo de permanencia en la
cancha pueden aportar información, pero no capturan por sí solos la
participación. Una persona puede tocar el material repetidamente por obligación
reglamentaria sin decidir nada relevante; otra puede organizar tácticamente a
su equipo, participar en pocas acciones visibles y tener gran influencia. Por
eso se propone registrar oportunidades, acciones e interpretaciones de los
participantes, y analizar su relación. La discrepancia entre lo observado y lo
narrado no debe corregirse para producir un valor único: puede revelar un
supuesto equivocado del diseño.
Las reglas y los roles cumplen una función decisiva. Una regla que
limita la intervención de quienes monopolizan el juego puede abrir tiempo para
otros, pero también generar resentimiento o un reparto mecánico. Un rol
diferenciado puede ampliar posibilidades o fijar a una persona en una posición
subordinada. La calidad de la solución depende de si las personas pueden
aprender, cambiar de rol, negociar apoyos y reconocer el valor de sus propias
contribuciones. El criterio funcional del modelo se refiere a las acciones y
apoyos necesarios para participar en una situación concreta; no autoriza a
deducir capacidades desde un diagnóstico ni a asignar de forma permanente un
rol por condición personal.
En este proceso, la Doble Adaptación Conjunta, desarrollada en los
materiales del modelo, nombra una posibilidad pedagógica: ajustar
simultáneamente elementos del juego y modos de participación del conjunto, en
vez de colocar toda la carga de adaptación sobre una sola persona. Su
implementación debe construirse con el grupo y evaluarse en cada contexto. Si
toda la clase modifica la forma de recibir información o de coordinar una
jugada, pueden aparecer habilidades antes poco reconocidas; si la modificación solo
vuelve uniforme la experiencia, puede borrar necesidades específicas y requerir
ajustes adicionales.
El diseño tiene también una dimensión temporal. La primera sesión puede
exigir apoyos intensos para comprender las reglas; semanas después, esas ayudas
pueden reducirse o transformarse. Una regla eficaz en una clase puede perder
utilidad cuando cambian el grupo, los objetivos o la confianza de sus
integrantes. La observación debe seguir trayectorias, no congelar a estudiantes
y actividades en una calificación definitiva. El ciclo propuesto es describir
la práctica, escuchar a participantes, formular un cambio, probarlo, observar
sus consecuencias y volver a deliberar.
5.- Fundamentos y
delimitación del modelo
La distinción presencia, participación e incidencia significativa opera
como una secuencia analítica, no como una escala clínica. Presencia significa
estar dentro de la actividad; participación, realizar acciones reconocibles;
incidencia, contar con oportunidades para que esas acciones modifiquen de
manera relevante el desarrollo del juego. Esta última no exige igualdad de
rendimiento, frecuencia idéntica de contactos con el material ni un único
patrón corporal. Exige que el rol tenga consecuencias comprensibles para quien
juega y para el grupo. La experiencia subjetiva de las personas participantes
es imprescindible para contrastar cualquier inferencia observacional.
El principio de horizontalidad lúdica expresa la aspiración normativa
del modelo: distribuir posibilidades de protagonismo sin eliminar el desafío.
Puede realizarse mediante roles distintos, reglas de cooperación, apoyos
comunicacionales, variación de objetivos o restricciones a la monopolización
del juego. Las decisiones deben examinarse en su contexto y con quienes
participan. Una regla aparentemente equitativa puede producir exclusión si
disminuye la autonomía o si convierte a alguien en presencia simbólica.
La unidad principal de análisis propuesta es la configuración de una
práctica situada: una actividad concreta, con reglas, materiales, personas,
apoyos y condiciones institucionales en un momento definido. Esta elección
complementa herramientas con unidades diferentes. La escala Lieberman–Brian
observa esfuerzos docentes para crear entornos inclusivos (Lieberman, Brian y
Grenier, 2019); el marco de Evans et al. (2018) prioriza la calidad de la
experiencia deportiva. La eventual contribución específica de integrar ocho
dimensiones de la configuración deberá determinarse mediante una revisión de
alcance, no suponerse a priori.
5.1. De la
horizontalidad lúdica a decisiones verificables
La horizontalidad lúdica no describe un reparto aritmético idéntico de
acciones. Formula una exigencia de diseño: que ninguna diferencia corporal,
sensorial, cognitiva o de experiencia previa determine de antemano quién puede
ser protagonista. En deportes de oposición, la igualdad de acciones puede
incluso anular el juego; el problema consiste en generar una distribución
justificable de oportunidades para aprender, asumir responsabilidades y ejercer
agencia. Esa distribución requiere atender tanto la estrategia colectiva como
la singularidad de cada participante.
De este principio derivan preguntas concretas: ¿quién inicia las
jugadas?, ¿quién suele terminar una acción?, ¿quién puede decidir entre
alternativas?, ¿a quién se consulta para modificar una regla?, ¿qué ocurre
cuando una persona se equivoca?, ¿existen formas de aporte distintas del
rendimiento técnico? Responderlas demanda mirar patrones repetidos y no solo
momentos exitosos. También demanda preguntar directamente a quienes participan
si los roles y apoyos les resultan valiosos, suficientes y elegidos.
5.2. Ocho
dimensiones preliminares
Las dimensiones son categorías sensitivas para observar y formular
preguntas. No se propone que sean independientes, exhaustivas ni equivalentes a
un puntaje de inclusión. Su número y denominación deberán cambiar si la
evidencia lo exige.
Tabla 1. Dimensiones
preliminares y preguntas orientadoras de observación.
|
Dimensión |
Pregunta de observación |
|
Participativa |
¿Quién puede intervenir, decidir y tener incidencia
durante el juego? |
|
Estructural |
¿Cómo distribuyen oportunidades las reglas, el
espacio, los materiales y los roles? |
|
Social |
¿Qué formas de cooperación, reconocimiento y
pertenencia se producen? |
|
Exigencia física |
¿Puede regularse la carga sin vaciar el desafío y la
autonomía? |
|
Técnico-transferencial |
¿Qué aprendizajes motrices y tácticos se desarrollan
y hacia qué otras prácticas pueden transferirse? |
|
Complejidad organizativa |
¿Qué recursos, tiempo, apoyos y preparación requiere
sostener la actividad? |
|
Accesibilidad pedagógica |
¿Son comprensibles las consignas y existen diversas
vías para aprender y progresar? |
|
Proyección institucional |
¿Puede sostenerse, revisarse e integrarse a la vida
escolar y comunitaria? |
La dimensión técnico-transferencial debe tratarse con especial cuidado:
la transferencia a un deporte convencional, adaptado o paralímpico puede ser
valiosa, pero no constituye requisito para reconocer una experiencia inclusiva.
La proyección institucional, a su vez, obliga a mirar más allá de una clase
exitosa. En una propuesta concreta, aumentar intervenciones puede elevar la
complejidad organizativa; reducir la intensidad para algunos puede favorecer
acceso pero comprometer el desafío de otros. Tales tensiones hacen improcedente
sumar las ocho dimensiones en un índice total antes de estudiar su
comportamiento.
5.3. Relaciones y
tensiones entre dimensiones
Las ocho dimensiones no constituyen compartimentos. Una modificación
estructural, como incorporar una segunda zona de anotación, puede cambiar el
tiempo disponible para decidir, redistribuir trayectorias de movimiento y
alterar quién recibe pases. Una consigna pedagógica clara puede aumentar
acciones observables sin modificar la regla; una buena regla puede fracasar si
faltan materiales, formación o tiempo de enseñanza. El modelo invita a estudiar
estas relaciones antes de declarar que un juego “es inclusivo”.
Tampoco toda mejora local equivale a una mejora global. Reducir la
velocidad puede aumentar accesibilidad y disminuir el desafío para algunas
personas; multiplicar roles puede ampliar opciones y volver demasiado compleja
la organización. Por ello, la FEIDI deberá registrar las razones y
consecuencias de cada ajuste y no asignar automáticamente una valoración
positiva a cualquier adaptación. La decisión pedagógica se justifica en
relación con el grupo, el propósito y las experiencias comunicadas por sus integrantes.
5.4. La FEIDI como
herramienta de indagación
La Ficha de Evaluación Integral del Deporte Inclusivo se concibe
inicialmente como una guía para describir una configuración situada. Cada
dimensión necesita indicadores observables, preguntas para participantes, un
espacio de evidencia y un campo para registrar dudas o efectos imprevistos. Por
ejemplo, la dimensión participativa puede documentar distribución de
oportunidades, elección de roles y consecuencias de las intervenciones; la
social, apoyos entre pares, reconocimiento y posibles formas de aislamiento; la
organizativa, recursos necesarios, tiempo de preparación y sostenibilidad.
Una aplicación rigurosa requiere especificar el momento y el contexto de
observación, separar descripción de interpretación y admitir evidencia
contradictoria. La ficha no debe convertir la diversidad de experiencias en un
promedio que oculte a quien quedó fuera. En su versión preliminar, su función
principal es ayudar a deliberar y comparar una práctica consigo misma después
de un rediseño. Las puntuaciones, si llegaran a proponerse, requerirían
definición de sus propiedades, análisis de acuerdo entre observadores donde sea
pertinente y estudio de su relación con la experiencia de participantes.
5.5. Dos
configuraciones para poner a prueba el lenguaje del modelo
El Baskin ofrece un antecedente de diseño estructural explícito:
incorpora canastos laterales, zonas protegidas y roles que reorganizan la
relación entre habilidades, espacio y posibilidades de anotar (EISI, s. f.).
Sirve para preguntar cómo una norma puede redistribuir la iniciativa y qué
requisitos materiales y formativos hacen viable sostenerla. No corresponde
inferir que todas las personas viven del mismo modo esa configuración ni usar
su análisis documental como validación de la FEIDI.
Como segundo ejemplo se incorpora una propuesta propia, todavía no
publicada, denominada provisionalmente Goalball
Inclusivo. Se trata de una configuración escolar inspirada en el goalball que busca organizar una práctica compartida
mediante información sonora, referencias espaciales, cooperación y roles con
distintas formas de intervención significativa. Su mención permite mostrar cómo
el modelo orienta el diseño de una actividad nueva: antes de aplicarla habría
que definir sus reglas concretas y examinar, con quienes participen, la
seguridad, la comprensión de las consignas, la autonomía, los apoyos y el
sentido del desafío. En este artículo se presenta únicamente como ejemplo
conceptual; no se informan resultados de aplicación ni se le atribuye validación
empírica. Junto con el Baskin, permite poner a prueba si las categorías del
modelo describen tanto una práctica ya establecida como una configuración en
desarrollo.
6.- Propuesta de
investigación y evaluación experimental
Se plantea un programa secuencial y participativo, con fases
exploratorias y de factibilidad. El adjetivo experimental refiere aquí a
someter a prueba decisiones de diseño y supuestos del modelo en prácticas
reales; no se afirma la existencia de un ensayo controlado. Un futuro estudio
de efectividad requeriría intervención estabilizada, comparador definido,
criterios previos de resultado y cálculo de tamaño muestral. El enfoque de
intervenciones complejas recomienda atender contexto, teoría, actores y mecanismos
de implementación desde el desarrollo inicial (Skivington et al., 2021).
6.1. Fase 1 Revisión
de antecedentes y teoría del cambio
Se realizará una revisión de alcance, con protocolo y criterios
explícitos, para identificar modelos de inclusión deportiva y educación física,
unidades de análisis, instrumentos disponibles y propiedades documentadas. La
búsqueda podrá abarcar bases educativas, deportivas y sanitarias, literatura en
español e inglés y fuentes institucionales; dos revisores resolverán
discrepancias y documentarán selección y extracción. Se elaborará un mapa de
convergencias y diferencias entre el modelo propuesto y antecedentes como el Quality Parasport Participation Framework y la escala Lieberman–Brian. El
resultado permitirá redefinir las ocho dimensiones y explicitar una teoría del
cambio provisional: modificaciones de la configuración podrían ampliar
oportunidades observables, que a su vez podrían vincularse con experiencias de
mayor autonomía, pertenencia y sentido. Cada conexión constituye una hipótesis,
no un efecto demostrado.
6.2. Fase 2 Codiseño
y validez de contenido
Se convocará a docentes de educación física, estudiantes con
discapacidad, familiares cuando corresponda, especialistas en deporte adaptado
y personas con experiencia en evaluación. Talleres accesibles y entrevistas
cognitivas examinarán la pertinencia, cobertura y claridad de cada dimensión e
indicador. La FEIDI se convertirá en un registro con descriptores observables,
ejemplos y espacio para evidencia discordante. Un panel evaluará relevancia y
comprensibilidad, mientras se documentarán cambios y desacuerdos. La evaluación
de relevancia, cobertura y comprensibilidad tomará como orientación los
criterios de validez de contenido desarrollados por Terwee
et al. (2018), adaptados a una ficha de observación de prácticas: la FEIDI no
es una escala de resultados informados por pacientes ni una medida reflectiva
de un rasgo latente.
6.3. Fase 3
Factibilidad y estudio de casos
Se propone un piloto intencional en escuelas con diversidad de recursos
y experiencias. Cada caso incluirá una observación inicial, rediseño
documentado junto con docente y participantes, aplicación en varias sesiones y
revisión posterior. La ficha FEIDI registrará reglas, roles, oportunidades de
acción, barreras observadas, ajustes, recursos y decisiones emergentes. Se
recogerán además voces de estudiantes mediante formatos accesibles,
observaciones de pares y diarios docentes. Las comparaciones antes y después
serán descriptivas y situadas; no permitirán atribuir causalidad sin un diseño
ulterior apropiado.
Los indicadores de factibilidad incluirán completitud de la ficha,
tiempo requerido, comprensión de sus categorías, aceptabilidad, fidelidad
flexible del rediseño y posibilidades de repetición. La concordancia entre
observadores podrá examinarse para indicadores conductuales claramente
definidos; no se impondrá como criterio de calidad al análisis interpretativo
de entrevistas, que requiere reflexividad y transparencia del proceso (Braun y
Clarke, 2006). Se buscarán casos discordantes: prácticas con altos registros de
oportunidades que, pese a ello, sean vividas como excluyentes. Estos casos son
especialmente útiles para corregir supuestos del modelo.
6.4. Ejemplo
analítico de uso
Una clase de juego de invasión puede registrar que una estudiante toca
el balón pocas veces, pero dirige decisiones tácticas que cambian el desarrollo
de la jugada. Otra puede acumular contactos obligatorios sin posibilidad de
elegir cuándo y para qué intervenir. La FEIDI distinguiría frecuencia de
acción, margen de decisión, relevancia del rol y reconocimiento por pares; una
conversación accesible con ambas estudiantes permitiría revisar la
interpretación. Se trata de un ejemplo hipotético de operacionalización, no de
resultados de campo. El análisis conceptual del Baskin y de la propuesta
provisional de Goalball Inclusivo podrá utilizarse
para examinar la claridad de las categorías, sin presentarlo como evidencia de
validación.
7.- Implicancias
para la escuela y la investigación
En la escuela, el modelo podría funcionar como una estructura de
conversación entre docentes, estudiantes, apoyos e instituciones. Una ficha que
obliga a preguntar por reglas, protagonismo, exigencia y continuidad puede
hacer explícitas decisiones que suelen tomarse de modo tácito. Su valor
dependerá de que sea breve y comprensible en uso real, y de que no se convierta
en una auditoría del docente desligada de sus condiciones laborales y
materiales. La formación debe incluir práctica acompañada, observación de casos
y revisión de errores, de acuerdo con la centralidad de la experiencia
identificada en la tesis.
La dimensión institucional plantea una exigencia adicional: el
aprendizaje de una clase no alcanza si la propuesta depende de una única
persona, un préstamo excepcional o un evento anual. La continuidad necesita
planificación, materiales accesibles, participación de estudiantes y acuerdos
entre educación física, conducción escolar y comunidad. Sin embargo,
sostenibilidad no significa fijar un reglamento de manera indefinida. Significa
crear capacidad institucional para revisar actividades a medida que cambian las
personas y los contextos.
Como programa científico, el modelo abre preguntas susceptibles de
respuesta: ¿qué dimensiones muestran mayor claridad para docentes y
participantes?, ¿cuáles se superponen?, ¿qué aspectos predicen o acompañan
experiencias de participación significativa?, ¿qué ajustes mejoran ciertas
oportunidades y perjudican otras?, ¿en qué condiciones se sostienen los
cambios? Una fase cualitativa puede refinar categorías y mecanismos;
posteriores diseños comparativos, si son factibles y éticamente adecuados,
pueden estudiar resultados. El objetivo de cada fase debe definirse antes de
recopilar datos para evitar presentar impresiones favorables como prueba de
eficacia.
8.- Discusión
El modelo propone desplazar la pregunta desde quién puede entrar en una
actividad predefinida hacia qué condiciones permiten participar
significativamente en una práctica compartida. Su utilidad potencial es reunir
decisiones que suelen analizarse por separado: estructura del juego,
relaciones, enseñanza, exigencia física y continuidad institucional. Esa
integración no autoriza a declarar originalidad absoluta ni superioridad frente
a marcos existentes. La revisión inicial deberá aclarar qué componentes son
convergentes, cuáles resultan redundantes y dónde existe un aporte verificable.
También existen límites conceptuales. Una descripción externa de la
actividad no equivale a la experiencia de pertenencia de quien participa; una
ficha puede volver visibles patrones y aun así omitir relaciones de poder o
barreras fuera de la clase. La clasificación funcional de apoyos para un rol
debe evitar convertirse en una nueva etiqueta que encierre a las personas en
tareas fijas. Es necesario preguntar quién decide, quién puede cambiar de rol y
qué ocurre cuando la persona rechaza un ajuste. La dimensión institucional
ayuda a situar estas decisiones dentro de condiciones de formación, tiempo y
recursos.
El desarrollo sistemático no significa convertir la inclusión en una
puntuación universal. Significa generar ciclos documentados de diseño,
observación, escucha, revisión y aprendizaje entre escuelas. Un resultado
favorable de factibilidad justificaría estudios posteriores de asociación y,
eventualmente, comparaciones controladas. Un resultado desfavorable debería
conducir a modificar o abandonar dimensiones, indicadores o procedimientos.
Este criterio de refutabilidad constituye una condición central de la propuesta
científica.
La transferencia entre contextos también merece cautela. Una actividad
que amplía la participación en un grupo pequeño puede funcionar de otro modo
con muchos estudiantes, menos espacio o diferentes trayectorias culturales. Las
propuestas nacidas en Morón o en otros escenarios escolares podrán nutrir la
teoría cuando se documenten con procedimientos claros y voces de participantes,
pero no deberán utilizarse para confirmar retrospectivamente categorías
inmodificables. El modelo habrá ganado solidez si permite explicar tanto
experiencias favorables como fracasos y resultados inesperados.
9.- Conclusiones
La investigación previa sobre barreras escolares aporta una razón
situada para pasar de la intención inclusiva a decisiones pedagógicas
explícitas y sostenibles. El Modelo Multidimensional del Deporte Inclusivo
Escolar organiza provisionalmente ocho planos de esa tarea y la FEIDI ofrece
una vía inicial para documentarla. La contribución del artículo es formular una
teoría de la configuración inclusiva y una ruta para ponerla a prueba con
docentes y estudiantes. Solo la contrastación con antecedentes, observaciones y
experiencias de participantes permitirá establecer el alcance, la validez y los
límites de ambos desarrollos.
10.- Consideraciones
éticas y declaración de alcance
La propuesta de estudio requerirá evaluación ética institucional antes
de reclutar participantes, consentimiento informado y asentimiento cuando
corresponda, accesibilidad de los instrumentos, protección de datos y resguardo
de la participación voluntaria. El presente manuscrito no informa resultados
nuevos de investigación con personas. La reutilización de material propio se
declarará conforme a la política editorial. La autoría, filiación, financiación
y posibles conflictos de interés se consignarán en la versión de presentación
según las pautas editoriales.
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